viernes 25 de febrero de 2011
un oasis
de repente me encontraba en medio del desierto otra vez, con una inclemente tormenta de arena cayendo sobre mi rostro que impedía ver el atardecer, continuaba por inercia dejándome absorver por las dunas paso a paso, extraviado, sediento, con la piel lastimada de varios días sin sombra, mis pensamientos al igual que mi rumbo eran totalmente inciertos, y aquella voluntad de autopreservación se extinguía conforme los pies hallaban dolor al avanzar, sintiendo terror de seguir caminando hasta la muerte, la dorada y calcinante escencia de la playa inmensa de la soledad me abrazaba maternal y fulminante a la vez.
pero no dejo de ir a tu encuentro, persisto con la sangre hirviendo, evaporandome minuto a minuto, me aferro a la botella con sus escasas gotas apenas por el deseo de sentir un beso tuyo en mi desgarrada mejilla, como un ideal, como un sueño que he tenido todos estos cincuenta años, cruzo la ardiente naturaleza que nos separa así como crucé fronteras en la vida entera, para darte existencia en éstas páginas de mis relatos... hija mía...
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